¿Como anteponer la idea del bien común ante la idea del propio ser?
Muchas veces en la vida nos encontramos con diasporas que nos hacen preguntarnos quienes somos o cual es nuestro objetivo a seguir, la vida es dura y llena de un sin fin de obstáculos. Los caminos por recorrer están plagados de sendas llenas de dolor y conflicto, muchos aparentan tener la voluntad de cruzar esa senda pero pocos realmente lo hacen. Aquellos que aparentan, pronto se entregan a los prejuicios y se dejan influenciar por el motivo de otros para continuar con su vida se dejan manipular, destruir y lastimar por las palabras sutiles y seniles de personas que aparentan ser lo más preciado para ellas. Por el contrario los que logran cruzar esas sendas, juegan con estos eventos, los reconocen, huelen y saborean; se dejan llevar pero al final del día no se dejan influenciar, miran con detenimiento cada detalle y tratan de ellos aprender una lección. Su legado perdura, entra en la razón de otros cuando ya ha pasado el tiempo y se encuentran lejos, cuando la influencia de su ser deja de irradiar calor ante esas personas.
Durante el camino se dan encuentros inverosímiles y predecibles, pero que al final de cuentas alcanzan un grado cognotativo bajo, si la persona decide no dejarse influenciar por ellos. Esto no significa ser cínico o indiferente, significa tener la capacidad de analizar las realidades más allá del mero trasfondo de la realidad mundana y encontrar respuesta en los momentos más determinantes de la vida. Quien cruza el sendero de la vida y en su camino encuentra personas que le tiendan la mano sin mirar atrás o ver de reojo a quien le da la mano gana un amigo de verdad.
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